viernes, 7 de agosto de 2020

 Movimiento Magistral

 El Movimiento magisterial de 1958 en México fueron una serie de huelgas y un movimiento social en la que participaron maestros, intelectuales, obreros, petroleros, ferrocarrileros y profesionistas. Sus peticiones no solo eran demandas de carácter económicas y peticiones sociales. Othón Salazar es un maestro normalista y un excelente orador y revolucionario mexicano.

Hombre incansable que dedico su vida a construir un mundo mejor y a la defensa de los desprotegidos.

Hombre de izquierda inscrito en la lucha social y principal líder del Movimiento

Magistral de 1958 su lucha consistió en poder ayudar a niños sin economía, en una lucha contra las injusticias provocadas por los cacicazgos que han existido en ese sindicato magisterial. Poco después, una asamblea independiente lo eligió representante, formando las bases para el Movimiento Revolucionario del

Magisterio (MRM) que se constituyó a finales de 1957 y cuya presencia en las escuelas primarias del Distrito Federal se fue expandiendo. En el siguiente año el

MRM estuvo al frente de una de las luchas magisteriales más importantes. Las movilizaciones a las que convocaba eran atendidas por un amplio sector social, y el gobierno, al reprimirlas, como hizo con la marcha del 12 de abril de 1958, fomentaba un descontento social que llevaba años gestándose. Y la lucha democrática de las necesidades como maestros ya que ellos son los que lucharan por sus derechos El movimiento ha logrado no sólo el apoyo de los maestros y maestras, sino también de otros sectores de la sociedad afectados por diversos motivos. Es tal la acumulación de agravios en contra de la población que suelen fusionarse los reclamos, sobre todo cuando los gobiernos acuden a la represión. Ello concita una reacción solidaria que construye nuevos lazos entre los sectores populares, que hacen crecer la dimensión de las movilizaciones, El movimiento ha comprobado que la problemática educativa del país depende de un modelo que incluye contenidos, métodos y políticas presupuestales, pero que, en nuestra realidad, están presentes también complicidades políticas y gremiales, así como diversos incentivos perniciosos que impiden su transformación. La reforma debió ser objeto de diagnóstico, a partir de una consulta nacional, proceso que no puede realizarse de un día para otro y posteriormente, planear los cambios en plazos realistas y razonables. Hoy, es de reconocimiento común que la reforma, como la diseñó el gobierno, cometió serios errores de diseño y que las tareas y tiempos asignados eran de imposible cumplimiento atendiendo a su complejidad y los recursos asignados.


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